Fauna de Madeira

El archipiélago de Madeira es un lugar excepcional para la observación de especies macaronésicas. Además cuenta con numerosos endemismos. De origen volcánico, el archipiélago consta de dos islas habitadas, Madeira y Porto Santo, y tres islas menores no habitadas al suroeste de la capital Funchal, conocidas como Ilhas Desertas (Ilhéu Chão, Deserta Grande, e ilha do Bugio).

El archipiélago de Madeira es un lugar excepcional para la observación de especies macaronésicas y numerosos endemismos

En la isla principal, la de nombre Madeira, se encuentran restos del primitivo y denso bosque húmedo, común en la Macaronesia (este término proviene del griego makárôn nêsoi, que significa “islas afortunadas“). Los bosques de “Laurisilva de Madeira” cubrían antiguamente cubrían sin interrupción casi toda la isla, antes de que los colonizadores la incendiasen en parte (y quizás de forma accidental), para seguidamente establecer granjas y cultivos. Actualmente, estos bosques relictos son Patrimonio de la Humanidad por la Unesco desde 1999.

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Reserva natural de Ponta de São Lourenço, la parte más oriental de Madeira (foto: G. Mucientes / BEC)

Este hábitat se originó en el período Terciario y en las últimas glaciaciones se redujo a la región biogeográfica de Macaronesia, que incluye también a los archipiélagos de Canarias, las Azores y Cabo Verde. El bosque de laurisilva atlántico aparece en aquellas islas con montañas habitualmente nubladas, generalmente en las laderas septentrionales entre los 600 y 1500 metros de altitud. Las lauráceas son las plantas predominantes, acompañadas de helechos, salvias (Salvia spp.) y cinerarias (Cineraria spp.), así como brezos (Erica spp.) y fayas (Myrica faya).

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Nubes bajas entre las montañas del interior de la isla (foto: G. Mucientes / BEC)

Existen numerosos endemismos en el archipiélago debido a su aislamiento geográfico. Esto es especialmente notable en el caso de los moluscos terrestres y sucede de forma significativa en los insectos. Los invertebrados son el grupo con mayor interés en la zona protegida de Ponta de São Lourenço. En la actualidad se conocen 35 especies de moluscos terrestres en la zona, de las cuales 24 son endémicas. En Ilhéu do Desembarcadouro se han identificado 14 especies, 12 de ellas endémicas, y en el Ilhéu do Farol 13 especies, 11 de ellas endémicas.

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Fauna de Madeira (fotos: G. Mucientes / BEC)

El número de especies de aves registrado en el archipiélago es de 336 (Avibase, 2016). Entre las aves endémicas presentes en el bosque de laurisilva encontramos el reyezuelo de Madeira (Regulus ignicapillus madeirensis), el pinzón de Madeira (Fringilla coelebs madeirensis) y la paloma de Madeira (Columba trocaz). Otras especies frecuentes son el bisbita caminero (Anthus bertheloti madeirensis), el jilguero (Carduelis carduelis parva), el gorrión chillón (Petronia petronia madeirensis) y el canario (Serinus canaria canaria).

En relación a la fauna propiamente marina, cabe destacar el petrel Freira o de Madeira (Pterodroma madeira), que es una de las aves marinas más amenazadas del mundo y que se encuentra exclusivamente en la isla de Madeira. Este petrel fue considerado extinto hasta ser re-descubierto en 1969. Solamente se acerca a tierra durante la época de reproducción entre finales de marzo y mediados de octubre; los nidos son construidos en áreas inaccesibles del macizo montañoso central de Madeira, por encima de los 1400 metros de altitud y  escavados en el suelo formando túneles de más de 1 metro de longitud. También podemos observar la pardela cenicienta (Calonectris diomedea borealis), el petrel de Bulwer (Bulweria bulwerii), el paíño de Madeira (Oceanodroma castro) y el charrán común (Sterna hirundo).

El petrel Freira o de Madeira es una de las aves marinas más amenazadas del mundo y se encuentra exclusivamente en la isla de Madeira

Sus fondos marinos no son especialmente exuberantes a primera vista según pudimos apreciar en las inmersiones que realizamos en su litoral. Una interesante ventaja es que se puede practicar submarinismo saliendo directamente desde tierra, ya que enseguida se alcanza una buena profundidad. Es importante tener previsto el punto de salida de la inmersión, debido a que la línea de costa de la isla es eminentemente roca caliza escarpada y sin playas naturales lo que dificulta en gran medida un retorno seguro.

Según la bibliografía existente, en el litoral de Madeira están catalogadas unas 226 especies de peces (Wirtz et al., 2008), posteriomente ampliado a 766 (Carneiro et al., 2014). En la inmersiones costeras se pueden contemplar especies tales como el mero (Epinephelus marginatus), mojarra (Diplodus vulgaris), bodión o vieja (Sparisoma cretense), dentón (Dentex dentex), pargo común (Pagrus pagrus), serrano imperial (Serranus atricauda), jurel negro (Trachurus picturatus), pejeperro (Bodianus scrofa), pez verde (Thalassoma pavo), fula negra (Abudefduf luridus), lisa (Liza aurata), boga (Boops boops), fula blanca (Chromis limbata), Canthigaster capistrata, doncella (Coris julis), pastinaca (Dasyatis centroura), abade (Mycteroperca fusca), morena negra (Muraena augusti), roncador (Pomadasys incisus), anguila jardinera marrón (Heteroconger longissimus), salpa (Sarpa salpa), rascacio de Madeira (Scorpaena maderensis), pez trompeta atlántico (Aulostomus strigosus), barracuda (Sphyraena viridensis).

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Peces del litoral de Madeira (fotos: G. Mucientes / BEC)

Si nos fijamos en los invertebrados marinos, destacan las lapas (Patella piperata), cigarras (Scyllarides latus),  Batzella inops, Aglaophenia pluma,  erizo diadema (Diadema antillarum), Telmatactis cricoides, gusano de fuego (Hermodice carunculata), Pachycerianthus dohrni, gamba limpiadora (Lysmata grabhami).

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Invertebrados marinos de los fondos de Madeira (fotos G. Mucientes / BEC)

La foca monje (Monachus monachus) está presente en el archipiélago fundamentalmente en las islas Desertas, aunque pueden darse avistamientos en Madeira. Su población se estima en unos 40-50 ejemplares, que ha multiplicado por cuatro su número en 25 años (ver noticia aquí). En 1988 la población rondaba los seis/ocho ejemplares debido a la persecución que sufrían para usos comerciales y, más tarde, debido a la interacción con la pesca.

Las islas en general son lugares fascinantes donde podemos hacer infinidad de preguntas evolutivas, que nos pueden llevar a respuestas tan radicales como para cambiar nuestra forma de ver la biología, y si no es así, por lo menos aplacan nuestra necesidad de conocer y observar nuevas especies.

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