Conservación versus espectáculo

Asistimos en los últimos tiempos a un auge de figuras que, en nombre de la conservación de la naturaleza, se filman o fotografían en ambientes naturales con especies protegidas o sensibles, como si de nuevos David Attenborough se trataran. En ocasiones, se asegura que están haciendo ciencia, biología de la conservación, o incluso se afirma que son investigadores.

Veamos, la biología de la conservación, estrictamente, es una disciplina científica que nace como respuesta a la pérdida de biodiversidad (Simberloff, 1988). Se ocupa de estudiar las causas de la pérdida de diversidad biológica en todos sus niveles (genética, individual, específica, ecosistémica) así como de su gestión.

La biología de la conservación nace como respuesta a la pérdida de biodiversidad

Las filmaciones e imágenes de vida salvaje que diariamente se comparten en plataformas especializadas (p.ej. iNaturalist o eBird, ver link) tienen un indudable valor científico y que tanto la historia natural como la biología de la conservación se nutren de estas observaciones. Sin ir más lejos, en Youtube  podemos encontrar escenas naturales jamas filmadas por profesionales o científicos y que no serían conocidas si no se hubieran presenciado, filmado y compartido por aficionados que estuvieron en el lugar y momento adecuados. De hecho, el  número de publicaciones científicas que se apoyan en estos vídeos/fotos ha aumentado significativamente para sacar a la luz información relevante sobre comportamiento, reproducción, distribución, fenología, ecología trófica, interacciones sociales, etc. (Nelson and Fijn 2013; Dylewski et al. 2017).

En esta línea cobra importancia la etodiversidad, un nuevo término para designar la diversidad de comportamiento, tanto heredado como aprendido, existentes en la naturaleza. Este concepto coloca en valor fenómenos que también son susceptibles de ser conservados, y antes de ello, deben ser descritos. De nuevo, se pone de relieve la importancia del registro y filmación del compartimento animal.

La etodiversidad describe la diversidad de comportamiento heredado y aprendido existente en la naturaleza

Expuesto todo lo anterior, y puesto de relieve las definiciones necesarias, en el otro extremo encontramos a personas (o grupos) que, buscando notoriedad, realizan filmaciones con supuestos fines de conservación y en las que generalmente se incluyen ellos mismos a modo de selfie (en la mayoría de las ocasiones de forma intrusiva). Suelen destacar que, gracias a estas acciones, ayudan a proteger dichas especies o ecosistemas. En ocasiones, incluso se acompañan de afirmaciones supuestamente “científicas”. Un ejemplo reciente son las imágenes del tiburón blanco alimentándose de una carcasa cerca de Hawai, con una retahíla de buzos en su persecución por la mejor foto.

En realidad todas estas filmaciones convenientemente distribuidas por toda red social existente (FB, IG, Twiter, etc) tienen nula repercusión en el ámbito científico. Detrás de todo esto lo que suele encontrarse es la autopromoción, una catapulta mediática, un interés económico, o simplemente un incremento de la visibilidad en las redes sociales. En resumen, estos comportamientos poco o nada aportan al conocimiento científico, que en definitiva es el que en último término debería dirigir las políticas de conservación.

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